TORRENTE 5: PRODUCTO CANSINO Y AGOTADO

Hay películas que es mejor verlas rodeado de un grupo de amigos que te acompañen en la experiencia, sobretodo en cintas cuyo único fin es que el espectador se ría a carcajada del absurdo y la astracanada. Torrente es sencillamente eso. Una película que por sí misma no vale absolutamente nada, es un producto muy bien orquestado por Santiago Segura, que le ha permitido vivir bastante bien al menos durante los últimos 16 años. Al ver esta nueva entrega de las aventuras de este personaje escatológico, uno se pregunta: ¿Habrá vida para el director y actor después de Torrente? No tengo la respuesta, porque eso va a depender fundamentalmente del público. Muchos críticos se exprimen los sesos intentando encontrar respuesta al misterio de por qué se siguen estrenando películas de este personaje. La razón es muy sencilla. Como cualquier producto, ha encontrado un Mercado, es decir una Demanda. Hay público que aún está dispuesto a dejarse una pasta en la taquilla por ver este “espectáculo”. Mientras  que siga habiendo demanda, seguirá habiendo oferta.

No voy a escribir nada acerca del argumento de la película, porque ya es de sobra conocido ya que muchos han informado bien estos días atrás acerca de la historia que abarca el film. Lo que sí que quiero expresar es mi decepción por la mala utilización de un actor, en concreto, de Alec Baldwin, que en esta cinta interpreta a John Marshall, el hombre que ha diseñado los sistemas de seguridad del complejo Eurovegas. Baldwin es alguien que ha demostrado en varias ocasiones ya una gran capacidad para hacernos reír. Se ha alejado de papeles dramáticos para mostrarnos que tiene una comicidad importante y para demostrar, en definitiva, que es un grandísimo actor. Porque alguien que es capaz de hacer reir y llorar, sin duda, es un buen profesional. Pensaba, ingenuo de mí, que Segura iba a saber valorar a este gran actor y darle por lo menos un personaje medianamente decente. Más allá de escuchar a Baldwin unas pocas frases en español con acento, no aporta nada.

Por lo demás, Santiago Segura no va a decepcionar a sus fans más incondicionales con una película esquemática porque cumple perfectamente con los síntomas que, al final, siempre acaban afectando a este tipo de films: por un lado los mismos personajes de siempre cambiados de nombre y aspecto; y por otro, los mismos chistes con pequeñas variaciones. Tampoco voy a enumerar a los múltiples “amiguetes” del protagonista que hacen un cameo en la película, simplemente añadiré que es un producto que ya emana tufillo a agotamiento y declive desde la tercera entrega, es decir, que esto no es de ahora, ya viene de lejos. Por supuesto que esta nueva aventura tiene ciertos gags muy buenos, pero realmente están concentrados en la segunda mitad de la cinta. Me gustaría, antes de concluir, dar un recado para los sesudos dedicados a esta profesión: el actor que interpreta a Cuco, personaje que hacía Gabino Diego en Misión en Marbella, no es Carlos Areces, es Julián López. Aunque se hable mal de algo es conveniente hacerlo con argumentos veraces y de peso. En fin, veremos los resultados de taquilla. Posiblemente haya más de uno que piense que esto ya debe tener un punto y final.

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