PHILOMENA: MUY DURA Y PRECIOSA

Escribo estas líneas mientras da comienzo la gala de los Oscar. Enseguida surgen las quinielas típicas de todos los años: ¿Quién ganará? ¿Quién perderá? La respuesta siempre es la misma: Que no hay respuesta. Alea Jacta Est que diría Julio César. “La suerte está echada”. Pero este acontecimiento no afecta mi juicio ni mucho menos. Tengo claras cuales son mis favoritas, digan lo que digan los académicos y supuestos entendidos.

No he podido ver todas las películas candidatas a los premios. También es cierto que he seleccionado cuales ver llevado por mi criterio personal. Y antes de la decisión final sobre cuál es la película del año según unos pocos, he podido disfrutar de la nueva propuesta de Stephen Frears, director de The Queen. En esta ocasión nos sumergimos en un auténtico drama, el cual, está bastante suavizado con ligeros toques de humor que inspiran una enorme ternura en el espectador. Philomena es pura emoción. Se tiene que ser una persona bastante insensible para no conmoverse con esta historia, en la que Judi Dench hace sin duda una de las mejores interpretaciones de su carrera. No tengo reparos en añadir ya de paso que es mi favorita para el Oscar a la Mejor Actriz. Aunque bueno tengo por ahí una segunda candidata, pero me la reservaré, porque tras conocer hoy a Philomena, creo que Dench es absoluta merecedora de la estatuilla.

Nos situamos en los años 50, en una Irlanda sometida a los estrictos dictados de la moral católica, donde las chicas adolescentes que se quedaban embarazadas, “deshonraban” a las familias y eran enviadas a conventos para que allí tuviesen a sus hijos. Eran consideradas “degeneradas morales”, chicas con “incontinencia carnal”. Recomiendo leer el libro en el que se basa el guión de esta película, pues aunque no sea una adaptación literal del mismo, al comienzo del texto se describe con pequeñas dosis cómo el primer ministro de Irlanda en aquellos años, Eamon de Valera, estaba doblegado al poder de John Charles Mcquaid, el jefazo eclesiástico en asuntos de adopción. El terreno de la moral solo podía ser abonado por la Iglesia católica, no por el Estado, por eso mismo fracasaron varias veces los intentos de hacer una ley de adopciones adecuada. Es en este contexto histórico social donde conocemos a la joven Philomena, una chica de 16 años que en una feria tiene un escarceo amoroso con un chico de su edad.

Philomena se queda embarazada y es enviada al convento de las Hermanas Magdalenas de Roscrea. Allí tiene a su pequeño Anthony. Es estremecedora la escena del parto, donde vemos que el bebé nace de nalgas y la madre sufre tremendamente con dolores. La monja que la asiste en el parto, Anunciata, pide a la Hermana Hildegarde que la ayuden con calmantes para el dolor, pero esta responde que el dolor es la penitencia por sus pecados sexuales. Afortunadamente, Philomena no está sola en ese terrible lugar, donde las chicas eran obligadas a realizar trabajos un tanto forzados y solamente podían pasar una hora al día con sus pequeños. Lo cierto es que toda esta parte está más suavizada respecto de lo que encontramos en la novela, ya que en las páginas el tiempo pasa más lento y el lector experimenta una tensa agonía ante la inminente marcha del pequeño Anthony, que puede llegar en cualquier instante. Philomena tiene como amiga a Anunciata y a otra chica joven que está en una situación igual, llamada Katheleen, y que ha tenido una niña llamada Mary. Anthony y Mary son inseparables. Es inevitable no emocionarse leyendo que el niño da besos a todo el mundo y que en especial cuida mucho de Mary a la que quiere como si fuera su hermana. El día menos pensado, llega un matrimonio procedente de EEUU, los señores Hess, Doc y Marge, que en principio van a adoptar a Mary, pero al ver cómo está con Anthony, se llevan a ambos. Philomena ya nunca más volvería a ver a su hijo.

Esta es la historia que da origen al libro de Philomena, escrito por el periodista de la BBC y ex jefe de prensa de un ministro británico, Martin Sixsmith. Como decía anteriormente, la cinta no es una adaptación literal de la novela, pues este periodista cogió unos hechos reales y los novelizó como creyó conveniente. La película nos cuenta ese proceso de investigación, de esa búsqueda vital de una madre que nunca ha dejado de pensar en su hijo. Además, la cinta nos propone un paralelismo muy interesante, pues Philomena representa unas ideas, y el periodista Martin Sixsmith, brillantemente interpretado por Steve Coogan, representa otras. Philomena, a pesar de los sufrimientos causados por unas monjas determinadas, no ha perdido nunca la Fe, y durante 50 años ha escondido el secreto de su hijo. Cómo le revela a su hija el secreto, vemos la mirada de esta anciana, observando una foto en blanco y negro de un niño de pocos años, diciéndole a su hija: “Hoy cumple 50 años”. Es una mujer que ha luchado por salir adelante y que desea ver a su hijo para saber si él ha pensado en ella alguna vez, y pedirle perdón por haberle abandonado. En cierto momento infunde pena e impotencia porque claramente ella no ha hecho nada, pero la férrea educación en unos valores, por llamarlos de alguna manera, la han otorgado una capacidad de superación que seguramente más de uno desearía tener. Y esto lo vemos cuando vuelve a reencontrarse con la hermana Hildegarde, una de las monjas que le arrebataron a su hijo y la dice: “Hermana, quiero que sepa que la perdono”.

Y en el otro lado tenemos a Martin, un hombre que es ateo y que además no tiene ninguna Fe en la Iglesia. Vemos reflejado en este personaje los dardos que se le lanzan a la institución, especialmente desde determinados sectores ideológicos. Porque, evidentemente, la Iglesia no es perfecta aunque muchos estarán empeñados en no verlo. Pero en ella hay buenas personas. La Hermana Anunciata es prueba de ello. Cuando Philomena perdona a Hildegarde, Martin responde: “Yo no la habría perdonado”. Pero comprobamos que se ha operado un cambio en el personaje, el cual ha abandonado su cinismo, y ha dejado de generalizar aunque esos hechos sean tan terribles. Aunque, no debemos caer tampoco en la ingenuidad, pues Martin dice en determinado momento a Philomena: “Tú no tienes que confesarte, es la Iglesia la que debe confesarse a sí misma”. ¿Acaso no vendría bien esto teniendo en cuenta las numerosas sombras de la Institución?

La película es sencillamente encantadora, emocionante y genial. No creo que sea una cinta merecedora de todos los premios imaginables, pero conmueve absolutamente e impulsa la Fe en aquellos en los que puede llegar a flaquear. Una cinta sencillamente sensacional.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s