ROBOCOP (2014): MAGNÍFICA PELÍCULA

Robocop

Los fans del cine de acción conocemos de sobra el personaje de Alex Murphy, ese policía honrado que debido a su empeño por encarcelar a los corruptos, sufre un atentado contra su vida y su única salvación es transformarse en un robot. La premisa de la que parte la historia de Robocop a simple vista puede ser simplona y sencilla, sin complicaciones. Con el estreno del remake, se ha dado una vuelta de tuerca a esta idea, haciendo de ella una cinta con ciertos mensajes que empujan al espectador al debate. Es decir, todos los que se esperen una cinta en la que vemos a un robot medio humano pegando tiros que se lo piensen dos veces. Por supuesto que hay acción, pero el director brasileño José Padhilla ha querido ir más allá, aprovechar mucho más la historia que nos brindó Paul Verhoeven allá por los 80 y actualizarla hasta el punto de componer un relato de ciencia ficción que bebe directamente de los temas ya utilizados por clásicos literatos como Asimov, K.Dick o HG. Wells.

Como buen “remake”, la película se presta a las comparaciones con la predecesora. Hay un dicho que reza: las comparaciones son odiosas. Y en este caso se cumple más que nunca. Personalmente aborrezco las comparaciones, no solo en dicha situación sino en todas. La moda de comparar directores es una estupidez y un debate estéril, porque nunca vamos a estar todos de acuerdo con una conclusión. El séptimo arte está absolutamente bañado por las percepciones particulares. Y las películas que para mí son un bodrio y raras, resulta que para otro son obras de arte. No caigamos en estos simposios típicos del pensamiento único que busca sentar cátedra sobre lo que es bueno o malo.

Este nuevo Robocop es ante todo diferente, por eso tiene un gran valor en sí mismo, porque no es una copia exacta del anterior, cuestión que seguramente habría agradado aun más a los apologistas del purismo inane. En esta ocasión nos encontramos con un Robocop mucho más humano, que tiene claro desde el minuto primero que no es una máquina, que es Alex Murphy. Y es aquí donde el relato cobra mucha más fuerza, y cualquiera que tenga unos mínimos de sensibilidad no dudará en emocionarse, especialmente en ese reencuentro entre Murphy y su hijo. Vemos al pequeño con dudas, con temor cuando ve una figura acercándose a él, una figura que identifica como su padre porque ve su rostro, pero tiene dudas, no sabe si su padre estará detrás de toda esa coraza metálica de color negro. Las dudas se disipan cuando vemos cómo Murphy llora a lágrima viva al darse cuenta de que su vida ya nunca volverá a ser la misma.

Pero esta película, como decía anteriormente, va mucho mas allá. Nos encontramos con una historia que, aunque futurista, es plenamente actual. Por un lado, tenemos el debate de la Seguridad. ¿Estaríamos dispuestos a confiar nuestra seguridad a un ejército de robots? Incluso el escenario de la cinta es actual, pues transcurre en Detroit, ciudad que recientemente ha caído en desgracia y en la quiebra económica. Ya la primera versión anticipaba dicho acontecimiento, pero este nuevo Robocop ha actualizado el asunto. Una ciudad devastada por el crimen, con un cuerpo de policía superado y corrompido. Detroit es la metáfora de casi todas las ciudades del mundo. ¿Qué pasaría si los policías llegasen también a altos niveles de corrupción? ¿Qué sucede cuando los que nos tienen que proteger se convierten en nuestros verdugos? Este es el escenario que aprovecha Raymond Sellars (Michael Keaton), el presidente de la multinacional Omnicorp para presionar al Congreso de EEUU con la derogación de la Ley Dreyfuss, una ley que impedía la utilización de robots como protectores de los ciudadanos. Omnicorp por otro lado es un símbolo metafórico también de las empresas de seguridad privadas, que cada vez se hacen más fuertes y que tienen un considerable poder económico, especialmente en USA, sobretodo porque pueden llegar a ser lobbys de presión contra los políticos. En otro momento del film vemos una reunión de Sellars con sus asesores y se da cuenta de los sobornos que realizan a los políticos de ambos partidos para intentar sacar adelante la derogación de la ley.

Dentro de este mismo apartado de denuncia de la corrupción, encontramos otro tema recurrente en nuestros tiempos actuales y es el de los medios de comunicación vendidos a los intereses particulares. El personaje de Pat Novak (Samuel L Jackson) es el de un periodista sin escrúpulos y que se vende al mejor postor bajo el paraguas muy socorrido del patriotismo. Pero para él, patriota son todos los americanos que apoyen a Sellars y sus intereses empresariales, el resto son despojos. Novak viene a ser también reflejo de periodistas reales de una determinada ideología y que trabajan en la cadena Fox americana, y de ideología republicana extrema.

Pero no todos los personajes del film son malvados, y afortunadamente tenemos a un buen hombre, el doctor Dennet Norton (Gary Oldman) el científico que devuelve la vida a Murphy aunque con reticencias. Norton siempre avisa al ambicioso Sellars de que nunca será del todo una máquina, que el elemento humano siempre prevalecerá. Norton es el personaje junto con Murphy más equilibrado y que representa los límites de la ciencia, pues también en cierto momento entramos en el debate de la lucha entre el robot y el ser humano. Burlonamente, la abogada de Sellars dice: ¿Y qué es lo que hace fallar su programación? ¿El Alma? A nivel personal, este es uno de los instantes que se me ha quedado más grabado de toda la película. Podemos entrar en cuestiones teológicas y de carácter científico pero sería meternos en un jardín y haber cómo salimos de él. Simplemente quería mencionarlo para que seais vosotros quienes reflexionéis acerca de él.

Sin duda, esta es una de las mejores películas que he visto en los últimos tiempos, porque no solo quiere ser una cinta de acción y aventuras, también posee mensajes que invitan al pensamiento y a la reflexión. Espero que no tardemos mucho en ver a Alex Murphy patrullando las calles de nuevo.

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