Month: February 2014

HATFIELDS & McCOYS: VUELVE EL MEJOR WESTERN

Si ha habido un género que ha marcado la Historia del Cine en los EEUU, este ha sido el Western. ¿Por qué? Muy sencillo, porque es su Historia misma, es la forja de una nación tal y como la conocemos en la actualidad. Por alguna razón extraña y lejana a mi comprensión, hace años que no se ve un western al más puro estilo tradicional. Bueno, el año pasado estuvo Django y años atrás una gran mezcla con la ciencia ficción y los cómics bajo el título de “Cowboys and Aliens”, menospreciada por la crítica pero a mi juicio muy entretenida. Y también, la magnífica “Valor de Ley” de los hermanos Cohen, remake de la que hiciese John Wayne, aunque mucho más fiel al libro original.

En su momento, dije que Valor de Ley merecía el Oscar a la Mejor Película. Debía de ser de los pocos que lo pensaban, o el único. Supe que nunca se tendría en cuenta para elegirla, más bien creo que la nominaron para quedar bien y no hacer un feo. Porque la verdad es que desde hace mucho se le hace un vacío tremendo al género del western. Gracias a Tarantino y los Cohen vuelva a ponerse de moda. ¿Alguien piensa que Clint Eastwood podría deleitarnos con otra genial pieza como Sin Perdón o el Jinete Pálido? El caso es que hace ya casi mes y medio me topé con un sugerente producto en las estanterías del western, no recuerdo de qué sitio. El título es “Hatfields & McCoys”. Había escuchado hablar de él, pero solo a unos pocos hace más de un año. Había oído que tuvo éxito en EEUU, y que era el regreso de Kevin Costner al western.

Mis plegarias por el regreso de estas historias épicas dieron su fruto, especialmente teniendo a Costner de protagonista, pues es uno de los mejores actores que he visto en mi vida y además me ha brindado tardes de diversión auténtica con films como “Silverado”, “Wyatt Earp” o la magnífica “Open Range”, dirigida por él mismo, con un Robert Duvall sencillamente grandioso. Pues no dudé en llevarme a casa Hatfields & McCoys, y desde luego me ha supuesto una de las mejores “películas” que he visto este año. Ojalá se hubiese estrenado en el Cine, pues sin duda habría sido digna de la carrera de los Oscar, mucho más que varias de las que están nominadas  para este año. Pero desgraciadamente lo nuevo de Costner es una miniserie de tres capítulos, así que lo tiene complicado para optar a las estatuillas.

Acompañando al astro del western, encontramos a otro gran secundario de los de siempre, un magnífico Bill Paxton. Ambos interpretan a los cabezas de las dos familias más importantes de Virginia Occidental y Kentucky. Kostner es Anse Hatfield, y Paxton es Randall McCoy.  Dos hombres absolutamente distintos, cuya amistad se romperá por la causa más nimia. Anse Hatfield representa la razón, la inteligencia, la dureza y la frialdad. Randall McCoy es la vehemencia personificada, un hombre que no atiende a razones y que se refugia constantemente en la Biblia para justificar sus actos. Es la historia del enfrentamiento sangriento de estas dos familias, que ha pasado a la historia popular de EEUU. Allí, cuando hay algún conflicto familiar o una venganza por honor, siempre se utiliza la expresión de “esto va a ser como lo de Hatfield y McCoy”. La guerra de estas dos familias se postergaría durante siglos. Seguramente os preguntareis cómo dieron comienzo las hostilidades. Pues tendréis que descubrirlo viendo la miniserie, aunque como adelanto, todo se complica con el amor. Ya que Roseanna McCoy y Johnse Hatfield cometen el error de enamorarse e iniciar una relación cuando los padres de ambos están ya enfrentados. Las cosas poco a poco se van complicando, especialmente porque la joven se queda embarazada, y Johnse la abandona por orden de su padre.  Un Romeo y Julieta con toque de western.

Batallas épicas, intrigas en los núcleos de ambas familias, odios del pasado, el fanatismo religioso; todos estos elementos se dan la mano para componer una Obra Maestra del género, merecedora de un lugar importante en las estanterías de los buenos cinéfilos. La emoción está servida.

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LA HERIDA: INSOPORTABLE

Lo cierto es que no todo en esta película es malo, aunque el resultado final en conjunto no invita precisamente al optimismo. Sinceramente, me ocurre como a algún que otro crítico, y es que soy incapaz de recomendar este film. Cuando alguien me pregunte qué película ver, seguramente nunca saldrá de mí decirle que vea “La Herida”, y esto no será por su dureza, por lo asfixiante de su propuesta, sino porque el ritmo de narración es condenadamente denso, y además la historia acaba siendo irreal teniendo en cuenta ciertos elementos que comentaremos a continuación.

Como decía no todo es malo. La actriz principal, Marian Álvarez, interpretando a  Ana, la protagonista, realiza un  papel  realmente bueno. Es más, la cinta comienza bien, ya que desde los primeros momentos, nos logra transmitir que algo la ocurre, que no está bien. Como ella misma dice: “Y luego siempre soy yo la que estoy loca, la que doy problemas”. Pero no sabe por qué se comporta así, por qué no es capaz de relacionarse bien con los demás, por qué se auto mutila quemándose con cigarrillos o haciéndose diminutos cortes en brazos y piernas. Y aquí enlazo directamente con el elemento que convierte esta cinta en algo absolutamente increíble y que logra hacer fracasar el film estrepitosamente, además de por el ritmo farragoso e insoportable, típico de las películas de autor, aunque afortunadamente hay muchos de estos que son bastante normales a ese nivel.

Ana vive con su madre, la cual, en cierto momento del film la ve semi desnuda, y observa atónita las marcas de las lesiones de su hija. A lo mejor es una estupidez pensar esto por mi parte, pero, ¿No sería normal que una madre se preocupase seriamente al ver a su hija de en ese estado? Sobre todo cuando días atrás se va observando el comportamiento errático de Ana, con cambios de humor y estado de ánimo brutales. De hecho, Ana escribe a un amigo suyo vía chat que ella le importa un bledo a su madre. ¿Será esta la respuesta? En definitiva, no merece la pena ahondar más en esta cuestión porque es absurdo. Igualmente absurdo es cuando acude a la boda de su padre y en pleno banquete, cuando sufre un cambio brusco de esos le espeta un insulto y este se queda absolutamente anonadado y ve cómo su hija se marcha. Vamos que unos padres no se preocupan cuando tienen una hija inestable.

Quizás el único sitio en el que Ana se siente bien es en el trabajo. Trabaja en la Sanidad, con pacientes que tienen Dependencia, como Martín, un anciano encantador que poco a poco se va deteriorando debido a la Demencia Senil. La gusta ayudar a los demás, pero no es capaz de ayudarse así misma. El espectador, seguramente ansioso, se preguntará qué la pasa. Pues como diría Dante, abandonad toda esperanza de respuestas al respecto. Salvo que leáis alguna sinopsis del film, que es donde aparece la clave de todo, y es que Ana tiene el Trastorno de la Personalidad Límite, conocido como Trastorno Bipolar. No merece la pena hacer una tesis psicológica al respecto, pero ya podían habernos explicado un poquito mejor el tema en la película.

Cada vez me molestan más los pretenciosos que dejan las historias abiertas, obligando al espectador a que haga adivinaciones sobre los acontecimientos. En estas ocasiones no se para qué vemos Cine, me siento como en la época del colegio, cuando tenía delante de mí un odioso problema matemático. Esta película ha ganado dos premios Goya: Mejor Actriz, absolutamente merecido, y Mejor Director Novel para Fernando Franco.  Podría haber sido un retrato realista de cómo es la vida de una persona que convive con ese terrible trastorno psicológico, podría haber sido una cinta dirigida a todas esas personas que hubiese servido para mostrarles que hay luz al final del túnel, pero en vez de eso, este pretencioso director nos ha querido brindar un catálogo de emociones asfixiantes sin sentido y decepcionantes. Aunque Marian Álvarez demuestra que tiene un gran futuro como actriz, si sabe elegir bien sus papeles para no quedarse encasillada en el que aquí nos muestra.

RUSH, ÉPICA EN LA FÓRMULA 1

Esta es una historia que va más allá de las simples carreras de coches en las cuales te juegas literalmente la vida. El director Ron Howard, responsable de Una Mente Maravillosa, el Código Da Vinci y tantas otras, nos brinda ahora una película con gran tono épico sobre una rivalidad que acaba convirtiéndose en una gran amistad. Nos trasladamos en el tiempo a los años 70, una época dorada de la Fórmula 1, con leyendas como Emerson Fitipaldi, y los dos protagonistas de esta historia, Nikki Lauda y James Hunt, ambos interpretados por Daniel Bruhl y Chris Hemswoth respectivamente.

La cinta nos ofrece un buen retrato de ambos personajes, ahondando al parecer en una rivalidad supuesta que  ha pasado durante mucho tiempo desapercibida a la opinión pública. Podemos comprobar lo distintos que son ambos hombres, aunque en la pista, ambos son los mejores pilotos. Lauda es un joven amante de los coches que sueña con ser un gran conductor y triunfar en este deporte. Además es alguien que reúne un amplio conocimiento técnico sobre cómo mantener y preparar los vehículos. De hecho, en parte es gracias a Lauda que poco a poco se han ido implantando en los circuitos medidas de seguridad novedosas.

Uno de los momentos más impactantes del film es lo estupendamente rodado que está el accidente de Niki Lauda en el que queda un tanto desfigurado y su cuerpo recibe quemaduras bastante graves, pues está atrapado en el coche incendiado durante varios minutos con temperaturas que rondan los 800 grados, según dicen en la película. Previo al momento horrible del accidente, Lauda propone suspender la carrera debido a la lluvia y por motivos de seguridad, pero Hunt se niega lanzando acusaciones de que quiere aprovecharlo para evitar que haya otro que le pueda ganar el campeonato del mundo.

Por otro lado, el personaje de James Hunt es el polo opuesto de lo que era Lauda. Al menos el perfil que nos da la película es el de un hombre amante de las fiestas y la juerga y que tuvo suficiente con ganar un título de campeón mundial, y que ya no tiene nada más que demostrar. Pero al mismo tiempo comprobamos que esa rivalidad de la que hablaron cuando se estrenó este film tampoco es tan exagerada. En otro momento de la película, Lauda admite que Hunt es “el único al que logra soportar” de todos los demás pilotos.

En conjunto, la película es una excelente muestra de cine de acción y de drama, pues el guión acierta plenamente en la construcción de los personajes que están muy bien perfilados y vamos poco a poco ahondando más en los sentimientos y sensaciones de cada uno, aunque, tengo la sensación de que la cinta toma una posición clara de crítica a Hunt respecto de Lauda, ensalzando más la figura de este último. Quizás habría estado mejor una posición más crítica respecto de ambos, pero esto solo es un parecer particular.

Al terminar de ver Rush me hice una pregunta: ¿Por qué hay en la carrera al Oscar películas más inanes que esta? Supongo que lo de esta cinta es un expediente X similar al de Prisioneros, pero lo importante es que seamos Libres y valientes para ir en contra del Pensamiento Oficial, porque el Cine es una cuestión de percepciones, aunque hay mucha gente a la que le encantaría monopolizarlo con sus particulares gustos.

HER, TIERNA, CONMOVEDORA, UNA MARAVILLA

her

El director Spike Jonze eleva la apuesta con esta nueva historia, a camino entre el drama romántico y la utopía de ciencia ficción. Además de comentar lo que es la historia principal del relato, creo que el director nos ha querido mostrar una realidad social “futura” para la cual estamos sentando las bases ahora mismo. ¿Cómo es esa sociedad? Pues una en la que la tecnología tiene preponderancia y ha eliminado cualquier viso de humanidad que le queda al ser humano. Tomemos como ejemplo la profesión a la que se dedica Theodore, nuestro protagonista, un brillante Joaquim Phoenix al que se echaba de menos desde hace mucho tiempo en un film. Theodore se dedica a escribir cartas personalizadas. Ya sean de amor o amistad, sus clientes le dan unos pocos detalles sobre la persona a la que va dirigida y el tono que quieren expresar, luego él se encarga de todo.

¿Puede llegar un momento en el que ya ni siquiera seamos capaces de escribir una carta? Quizás esta no sea la pregunta clave, porque más bien todo en esta película está unido a los sentimientos. La cuestión importante es: ¿Puede llegar el día en que ya no seamos capaces de expresar nuestros sentimientos? ¿Seguiremos teniéndolos? La realidad que nos transmite HER es una en la que ya todo se hace con voz y con sistemas interactivos, una realidad en la que muchas personas, como en el caso de Theodore, están absolutamente solas y aisladas del resto y su única posibilidad de encontrar el amor o el sexo es una conversación por un chat. Poco a poco vemos que además Theodore se está divorciando y esta es quizás una de las escenas más duras de toda la película, más adelante entraré en ella.

Nuestro protagonista camina por los pasillos de un centro comercial y se topa con un anuncio en el que se habla de un nuevo e innovador Sistema Operativo Intuitivo llamado OS1. Theodore no duda ni un instante y lo compra. Cuando comienza a instalarlo, el Sistema le dirige unas preguntas de Control básicas para determinar las características del usuario, como por ejemplo si prefiere hablar con un hombre o con una mujer, o cómo es la relación con su madre, o si es una persona muy sociable o un solitario. Es entonces cuando el Sistema se programa y “nace” Samantha (con la voz de Scarlett Johanson). Hasta aquí todo parece que va bien, pero no es más que el principio de una historia de amor trágica aunque bellísima. A partir de aquí los sentimientos comienzan a fluir y Samantha va alcanzando cotas de “humanidad” que la hacen “enamorarse” de Theodore. En un momento dado, nuestro protagonista le cuenta que su mujer quiere divorciarse de él pero que no puede firmar los papeles. Samantha le pregunta por qué no quiere hacerlo y él responde con inmenso dolor: “Es que para ella solo es un papel. Pero no para mí. Para mí es algo más”.  Una vez más vi reflejado en esta película una realidad que experimentamos a diario, y es ver cómo se destruyen las relaciones personales, con qué facilidad hemos convertido el compromiso y el matrimonio en un mero papel con dos firmas.

Más adelante conocemos a Catherine (Rooney Mara) la ex mujer de Theodore, una chica inestable emocionalmente y que, a diferencia del protagonista, es incapaz de controlar lo que siente. Es el extremo opuesto de Theodore. El chico la dice que sale con Samantha, su sistema operativo, y ella le echa en cara si es incapaz de gestionar emociones reales e interactuar con las personas. Y es entonces cuando surge la sorpresa con Amy (Amy Adams) una vecina de Theodore y antigua compañera de la universidad. Entonces vemos que ambos son más parecidos de lo que ellos creen. ¿Serán capaces Theodore y Amy de encontrar esa humanidad perdida? Hay pocos que se hayan atrevido a decir que esta cinta es profética o que retrata una posible sociedad futura que nazca a raíz de la que vivimos actualmente. Personalmente me atrevo a afirmarlo. No sé si será dentro de cinco o treinta años, pero estamos reuniendo altas probabilidades de alcanzar una deshumanización preocupante. Véase también otro guiño que hay en el film a las “pocas editoriales que aun publican libros en papel”. Puede que sea un simple flash, pero vemos que esa deshumanización ha traído consigo también la “regeneración” o transformación de la cultura tal y como la conocemos hoy. En toda la película no se ven prácticamente libros, solo pantallas de ordenador. La Vida de las personas está en Internet y en los bytes. ¿Simples elementos visuales? Pienso que no, que esta historia es en conjunto una advertencia sobre la pérdida de los sentimientos y la fragmentación de las relaciones humanas.

Como bien dice Samantha: “Cuanto más amamos, más grande se hace nuestro corazón”. O así es como debería ser. El amor trasciende los contratos, es algo más. Nos dignifica y engrandece como personas. Tengo claro qué película se merece el Oscar al Mejor Guión y posiblemente el de Mejor Película también, y es esta maravilla que mantiene al espectador en un torrente emocional de principio a fin.

GRAVITY: UN INSULTO A LA INTELIGENCIA

Las películas, al igual que los libros, la música, la pintura y un largo etcétera de cuestiones artísticas, pueden clasificarse según mi modesta opinión, de la siguiente manera: Hay cintas que son Obras Maestras, esto quiere decir que aparentemente carecen de fallos o estos son mínimos, y suponen un gran ejemplo de cómo dirigir y cómo narrar una historia, véase Ben Hur, véase El Padrino y todas las que conocemos ya de sobra consideradas como tales por los entendidos. Por otro lado, hay películas excelentes, muy buenas que sin llegar a ser brillantes del todo cumplen una función que es la de transmitirnos algo como lo haría la Obra Maestra pero sin llegar a ese nivel de “trascendencia” que se requiere para calificar una película como tal. También hay films que no tienen ningún tipo de pretensión, solo entretener y hacer que el espectador se pase un buen rato.

Y por otro lado están, dentro de las obras que podríamos considerar de serie B o tirando a malillas, películas que a lo mejor no tienen muchos medios y un guión tirando a mediocre pero que resulta que nos provocan risa y diversión. En esta categoría a lo mejor podemos meter Resacón en las Vegas o cualquier comedia de despropósito simplemente por mencionar un ejemplo. Esta es sencillamente una opinión personal sobre cómo se podrían clasificar las películas, y desde luego disfruto con todas ellas, entre otras cosas porque normalmente son sinceras, no pretenden vendernos nada, simplemente que disfrutemos una tarde de un espectáculo que podrá estar mejor o peor ejecutado. Como decía Billy Wilder, si un film consigue que nos olvidemos de pagar las facturas, habrá cumplido con su cometido.

Pues Gravity está absolutamente alejada de todas estas categorías mencionadas atrás. Esta nueva película del director Alfonso Cuarón, al cual aprecio enormemente por que tiene dos auténticas películas grandiosas como Hijos de los Hombres o la tercera entrega de Harry Potter (para mí la segunda y única mejor después de la Piedra Filosofal), es un auténtico insulto a mi inteligencia. Y no es que me considere Einstein ni mucho menos, pero el caso es que al finalizarla, a mi mente solo acude una pregunta: ¿Qué quiere contarme? Porque el relato no puede ser más simple y más inocuo. Una misión espacial en la que todo se complica. Protagonizada por Sandra Bullock haciendo de la doctora Ryan Stone y por George Clooney que sale apenas 10 minutos en toda la película. La doctora debe reparar una estación espacial, y Clooney es el piloto de la nave en la que han venido junto con otros tripulantes. Están tranquilamente flotando en el espacio. Clooney cuenta historias que al espectador le importan un bledo sobre anécdotas personales y en tono de despedida, parece que se va a jubilar de la NASA y reciben una llamada de Houston avisando de que un misil ha roto un satélite y que los restos flotan por ahí, amenazantes. Rápidamente se pone en marcha una evacuación de emergencia y comienza la odisea para la doctora Stone y el piloto quienes sufren diversos avatares en una encarnizada lucha por la supervivencia.

El comienzo de la película, con frases concisas sobre el espacio, que si la temperatura es tal, que si solo hay silencio…en fin faltaba añadir “Nadie podrá oir tus gritos” y que apareciese la mítica Teniente Ripley de Alien. Los diálogos son inanes, vacíos como el propio espacio. La película, no vamos a negarlo, tiene excelentes medios técnicos. De hecho, la mayor parte de las críticas realizadas se centran especialmente en que hay que verla en 3D. Sinceramente, desde Avatar no he visto una película con la que me sintiese tan estafado, y eso que en los últimos años ha habido películas realmente malas, pero por lo menos no le toman a uno por imbécil. Se supone que la doctora está traumatizada y destrozada psicológicamente por la pérdida trágica de su hija…pues sinceramente, Sandra Bullock, no logra que empatice con ella en ese sentido. Se supone que la situación nos debe transmitir agobio, miedo, angustia….pero es un soberbio aburrimiento. Pero lo mejor de todo es que ya tenemos la solución si nos quedamos atrapados flotando en el espacio. Tras ver esta película he llegado a la conclusión de que no nos hace falta ser Superman para poder desplazarnos por el vacío espacial. Basta con tener a mano un extintor, y apretarlo regularmente. Algo que ya vimos en Wall-E, al tierno y encantador robotito que también lo utilizaba. Lo que ocurre es que Wall-E es encantador, tiene gracia. Lo de Gravity, que encima pretende vendernos una odisea “realista”, es cuanto menos una burla y alcanza niveles altos de estupidez pocas veces vistos antes en el cine. Si esta película se lleva el Oscar, será la prueba definitiva de que a algún académico le faltan varias neuronas.

PRISIONEROS: IMPACTANTE Y EXCELENTE

Prisioners

Se estrenó a finales de 2013 y desconozco los motivos por los cuales no la vi en su momento. Pero la semana pasada me la encontré ya disponible en formato doméstico y no dudé ni cinco minutos en comprarla para poder verla. Desde luego, es la mejor compra que he hecho últimamente en cuanto a películas. Y es la mejor porque mis sentimientos al verla hacen honor al título. Me sentía prisionero, encerrado en una atmósfera asfixiante, en un torbellino de sentimientos que aumentan con cada minuto del metraje hasta desembocar en un final impactante y terrorífico en todos los aspectos.

Decían muchos sesudos que esta cinta se parece a Mystic River. Pues nada más lejos de la realidad porque no puede ser más diferente. Cierto es que a lo mejor tiene cosas que puedan recordar vagamente, llamémoslo guiños. Otra cosa que hace de esta película algo realmente bueno es la dirección de actores. Están todos realmente estupendos, y el que más, Hugh Jackman. Este hombre a medida que avanza en su carrera se va convirtiendo en mejor actor. Gracias a dios que no se ha quedado encasillado como Lobezno, sería insufrible para él y para los espectadores que estaríamos condenados a verle eternamente haciendo el bestia. Sobre todo porque a no ser que se produzca un milagro similar al de los panes y los peces o las apariciones de Lourdes, la saga de X-Men tiene altas probabilidades de empeorar exponencialmente, pues vistas sus últimas películas….en fin.

En esta ocasión, Jackman interpreta a un padre de familia de clase baja llamado Keller Dovall. Los primeros minutos de metraje son muy significativos y demuestran la gran habilidad del director para perfilar a los personajes. Una escena en la que caza con su hijo mayor, y antes de que el chaval pegue un disparo que mate a un ciervo, escuchamos la voz de su padre entonando una oración. Más adelante en el coche cuando vuelven a casa, Keller le dice a su hijo: “Espera lo mejor, pero prepárate para lo peor”. No solamente se dirige a su hijo con esto sino al atento espectador que se adentra en la historia, nos avisa claramente de que algo terrible está a punto de suceder.

Y ese algo terrible es el secuestro de su hija pequeña Ana, y de su amiga, la hija de un matrimonio de amigos que viven en su mismo barrio. Entonces la historia comienza su andadura, mostrándonos hasta donde podemos llegar los seres humanos por proteger a nuestros seres queridos. La desaparición de su hija y la inoperancia por parte de la policía para encontrarla saca a relucir de nuevo el lado oscuro de Keller. Se vislumbra que es un ex alcohólico reformado y posiblemente un delincuente pero no nos lo termina de aclarar, aunque los hechos que se describen a continuación dan una idea aproximada. El policía encargado de la investigación de su hija, interpretado por Jake Gyllenhall, tiene como sospechoso al conductor de una misteriosa autocaravana que se aparcó en el barrio justo el día de la desaparición de las niñas. Descartado como sospechoso, Keller se deja llevar por la frustración y la impotencia y secuestra al joven sospechoso, sometiéndole a diversas torturas para que revele el paradero de su niña.

Más allá de lo que cada uno pueda pensar, el guión logra que empaticemos con el personaje de Keller y lleguemos a cuestionar al policía, un joven detective que al parecer resuelve todos los casos pero casi que por más suerte que pericia. Además, su jefe tampoco ayuda mucho, pues es un departamento pequeño de una localidad pequeña también. La atmósfera juega un papel fundamental en esta historia, la nieve, la lluvia, la niebla, todos estos elementos logran asfixiarnos como un buen thriller nórdico, contribuyendo a crear un laberinto en el que los personajes se sumergen cada vez más y llegamos a dudar si en algún momento alcanzarán la salida.

Muchos se preguntan por qué esta película no se ha incluido en la carrera hacia los Oscar. Desgraciadamente esto siempre seguirá siendo un misterio, pero aun así, eso no quiere decir que esta no sea una gran película.

LOS GOYA 2014, MÁS POLÍTICA Y MENOS ESPECTADORES

Los Goya 2014

Ayer tuvo lugar la cita por excelencia del cine español: la ceremonia de entrega de los Premios Goya a las mejores películas del año en diferentes categorías. Aunque, vistos algunos de los discursos y que el personaje más mencionado de la noche fue el Ministro de la Cosa, Jose Ignacio Wert, ausente debido a compromisos de última hora, podríamos decir que ha sido una fiesta mitin política más que una noche dedicada al Cine.

Quizás este evento se ha convertido en una diversión para los periodistas del corazón que se entretienen criticando la vestimenta y joyas de los asistentes al ágape, y ha perdido su esencia que es la de homenajear a los que han hecho este año buen cine. Merece la pena destacar sobretodo el discurso inaugural del Presidente de la Academia de Cine, Enrique González Macho, quien tuvo palabras no solo para el ministro Wert, sino también para atribuir los problemas actuales del cine español a la piratería. Ojalá esta fuese la única causa de la debacle en el número de espectadores que acuden a las salas a ver cine patrio. Solamente daremos un dato para ilustrar el poco interés que tiene el público general en el cine español, y es que la gala de anoche ha sido la menos vista en los últimos 5 años, con 3 millones y pico de espectadores y un 19% de share.

Bajo nuestro punto de vista, los “representantes” del cine español cumplen a rajatabla con el título de la película que han premiado como la mejor del año: Vivir es fácil con los ojos cerrados. Y es que estos señores viven muy cómodamente de esta forma, ignorando absolutamente el hecho de que los espectadores rechazan las películas producidas aquí no porque las pirateen, sino por dos cosas: Por un lado, el Cine español ya no es arte ni entretenimiento, es un conjunto de productos estereotipados (salvando alguna honrosa excepción) que no quieren en ningún sitio. Como curiosidad, este año no hay presente ninguna película española en ningún festival de cine internacional, además de que los encargados de escoger las nominaciones a los Oscar no han podido aguantar “15 años y un día”, la película de Maribel Verdú en la que hace de madre de un adolescente conflictivo.

Y por otro lado, el cine español no es Industria, es un sindicato más muy parecido a los que todos ya conocemos, donde un gran número de personas viven de los demás y donde un 80% de las películas que hacen ni siquiera llegan a estrenarse, aun así, se llevan cuantiosas subvenciones. En EEUU no ocurre esto, pues allí el que quiere hacer una película pone su dinero y si tiene suerte triunfará a o no. Además de que en nuestro país, escritores, músicos, pintores, escultores y un largo etc de profesiones no están subvencionados. Realmente lo que ocurre es que solo unos pocos determinan lo que es Cultura, generando con ello desigualdades.

En cuanto a los premios, podemos decir que estamos satisfechos con los 8 goyas que se ha llevado “Las Brujas de Zugarramurdi”, la genial comedia de Alex de la Iglesia, de la que hablaremos en otro artículo. En cuanto a la premiada con los galardones más importantes, Vivir es fácil con los ojos cerrados, no podemos hablar de ella ya que no la hemos visto. Independientemente de todo lo expresado anteriormente, en España puede hacerse buen cine y tenemos ejemplos que lo demuestran, aun así, el sector debe hacer un acto de introspección y sincerarse consigo mismo sobre la situación en la que se encuentra.

ROBOCOP (2014): MAGNÍFICA PELÍCULA

Robocop

Los fans del cine de acción conocemos de sobra el personaje de Alex Murphy, ese policía honrado que debido a su empeño por encarcelar a los corruptos, sufre un atentado contra su vida y su única salvación es transformarse en un robot. La premisa de la que parte la historia de Robocop a simple vista puede ser simplona y sencilla, sin complicaciones. Con el estreno del remake, se ha dado una vuelta de tuerca a esta idea, haciendo de ella una cinta con ciertos mensajes que empujan al espectador al debate. Es decir, todos los que se esperen una cinta en la que vemos a un robot medio humano pegando tiros que se lo piensen dos veces. Por supuesto que hay acción, pero el director brasileño José Padhilla ha querido ir más allá, aprovechar mucho más la historia que nos brindó Paul Verhoeven allá por los 80 y actualizarla hasta el punto de componer un relato de ciencia ficción que bebe directamente de los temas ya utilizados por clásicos literatos como Asimov, K.Dick o HG. Wells.

Como buen “remake”, la película se presta a las comparaciones con la predecesora. Hay un dicho que reza: las comparaciones son odiosas. Y en este caso se cumple más que nunca. Personalmente aborrezco las comparaciones, no solo en dicha situación sino en todas. La moda de comparar directores es una estupidez y un debate estéril, porque nunca vamos a estar todos de acuerdo con una conclusión. El séptimo arte está absolutamente bañado por las percepciones particulares. Y las películas que para mí son un bodrio y raras, resulta que para otro son obras de arte. No caigamos en estos simposios típicos del pensamiento único que busca sentar cátedra sobre lo que es bueno o malo.

Este nuevo Robocop es ante todo diferente, por eso tiene un gran valor en sí mismo, porque no es una copia exacta del anterior, cuestión que seguramente habría agradado aun más a los apologistas del purismo inane. En esta ocasión nos encontramos con un Robocop mucho más humano, que tiene claro desde el minuto primero que no es una máquina, que es Alex Murphy. Y es aquí donde el relato cobra mucha más fuerza, y cualquiera que tenga unos mínimos de sensibilidad no dudará en emocionarse, especialmente en ese reencuentro entre Murphy y su hijo. Vemos al pequeño con dudas, con temor cuando ve una figura acercándose a él, una figura que identifica como su padre porque ve su rostro, pero tiene dudas, no sabe si su padre estará detrás de toda esa coraza metálica de color negro. Las dudas se disipan cuando vemos cómo Murphy llora a lágrima viva al darse cuenta de que su vida ya nunca volverá a ser la misma.

Pero esta película, como decía anteriormente, va mucho mas allá. Nos encontramos con una historia que, aunque futurista, es plenamente actual. Por un lado, tenemos el debate de la Seguridad. ¿Estaríamos dispuestos a confiar nuestra seguridad a un ejército de robots? Incluso el escenario de la cinta es actual, pues transcurre en Detroit, ciudad que recientemente ha caído en desgracia y en la quiebra económica. Ya la primera versión anticipaba dicho acontecimiento, pero este nuevo Robocop ha actualizado el asunto. Una ciudad devastada por el crimen, con un cuerpo de policía superado y corrompido. Detroit es la metáfora de casi todas las ciudades del mundo. ¿Qué pasaría si los policías llegasen también a altos niveles de corrupción? ¿Qué sucede cuando los que nos tienen que proteger se convierten en nuestros verdugos? Este es el escenario que aprovecha Raymond Sellars (Michael Keaton), el presidente de la multinacional Omnicorp para presionar al Congreso de EEUU con la derogación de la Ley Dreyfuss, una ley que impedía la utilización de robots como protectores de los ciudadanos. Omnicorp por otro lado es un símbolo metafórico también de las empresas de seguridad privadas, que cada vez se hacen más fuertes y que tienen un considerable poder económico, especialmente en USA, sobretodo porque pueden llegar a ser lobbys de presión contra los políticos. En otro momento del film vemos una reunión de Sellars con sus asesores y se da cuenta de los sobornos que realizan a los políticos de ambos partidos para intentar sacar adelante la derogación de la ley.

Dentro de este mismo apartado de denuncia de la corrupción, encontramos otro tema recurrente en nuestros tiempos actuales y es el de los medios de comunicación vendidos a los intereses particulares. El personaje de Pat Novak (Samuel L Jackson) es el de un periodista sin escrúpulos y que se vende al mejor postor bajo el paraguas muy socorrido del patriotismo. Pero para él, patriota son todos los americanos que apoyen a Sellars y sus intereses empresariales, el resto son despojos. Novak viene a ser también reflejo de periodistas reales de una determinada ideología y que trabajan en la cadena Fox americana, y de ideología republicana extrema.

Pero no todos los personajes del film son malvados, y afortunadamente tenemos a un buen hombre, el doctor Dennet Norton (Gary Oldman) el científico que devuelve la vida a Murphy aunque con reticencias. Norton siempre avisa al ambicioso Sellars de que nunca será del todo una máquina, que el elemento humano siempre prevalecerá. Norton es el personaje junto con Murphy más equilibrado y que representa los límites de la ciencia, pues también en cierto momento entramos en el debate de la lucha entre el robot y el ser humano. Burlonamente, la abogada de Sellars dice: ¿Y qué es lo que hace fallar su programación? ¿El Alma? A nivel personal, este es uno de los instantes que se me ha quedado más grabado de toda la película. Podemos entrar en cuestiones teológicas y de carácter científico pero sería meternos en un jardín y haber cómo salimos de él. Simplemente quería mencionarlo para que seais vosotros quienes reflexionéis acerca de él.

Sin duda, esta es una de las mejores películas que he visto en los últimos tiempos, porque no solo quiere ser una cinta de acción y aventuras, también posee mensajes que invitan al pensamiento y a la reflexión. Espero que no tardemos mucho en ver a Alex Murphy patrullando las calles de nuevo.

15 AÑOS Y UN DÍA, DECEPCIONANTE

He tenido la oportunidad de ver esta película en formato doméstico, ya que cuando se estrenó no fui a verla. Lo cierto es que este año he formado parte de esa gran parte del público que no ha ido a ver cine español, salvo en contadas excepciones. En un principio, esta película llamaba mi atención teniendo en cuenta quienes eran los actores y la directora, pues Gracia Querejeta me gustó cuando nos contó aquella historia de 7 mesas de billar francés, teniendo también a Maribel Verdú de protagonista.

No voy a entrar en las cuestiones políticas que inevitablemente envuelven al cine patrio, lo cual es una desgracia para ellos, porque hay mucho público que ni siquiera ve las películas en su casa. A lo mejor es que me estoy volviendo buena persona con el paso del tiempo, pero si tengo ocasiones como esta las aprovecho, más que nada para luego comentarla. Aunque también interviene el factor de que dicha película tenga una historia que pueda resultar interesante porque tampoco es adecuado perder el tiempo con diversas chorradas.

La idea que subyace en este film siempre me ha interesado: la adolescencia. Creo que es una etapa de la vida que da para contar muchas historias. Ojalá el adolescente que nos encontrásemos en las películas fuese un chico/a estudioso con intereses diversos y ganas de mejorar y ser algo en la vida. Pero normalmente, se prefiere explotar el estereotipo, eso que tan bien funciona no solo en el Cine sino en la Publicidad. Voy a dar una mala noticia que seguramente muchos no sabrán, pero todos aquellos que se quejan del uso excesivo de los estereotipos, quizás no sepan que ellos mismos los han inventado. Sí, toda la sociedad, el conjunto de la población, es la inventora de los mismos.

Es decir en una película, cuando nos encontramos con una mujer estilo Megan Fox y pecamos de pensamientos impuros y de fantasías deshinibidas, es sencillamente porque tenemos establecido que ese es el modelo de mujer ideal, y que las gordas o rellenitas son todo lo contrario. Cuando pensamos que los chicos o chicas que llevan gafas son frikis, es porque nosotros lo hemos establecido así. Cuando pensamos que los jóvenes estudiosos, que se esfuerzan en tener conocimientos y pensar son raros, es porque nos han educado para que pensemos así.

Esa es la magia de los estereotipos, y es lo que posibilita que aun a día de hoy se hagan películas como la que voy a comentar ahora. Me decepciona que una directora como Gracia Querejeta caiga en ese burdo estereotipo y no sea capaz de contarnos una historia de esfuerzo y superación como debería haber sido esta 15 años y un día, porque el protagonista, Jon, un chaval de 15 años responde a esa imagen general que toda la sociedad tiene sobre los adolescentes: niñatos a los que todo les importa un carajo. Hay honrosas excepciones, hay muchos chicos de esa edad que piensan en algo más que en hacerse pajas. Pero es más cómodo plantear lo mismo de siempre. Pobrecitos ellos que son unos incomprendidos.

Maribel Verdú no está lejos tampoco del estereotipo, pues hace de madre soltera incapaz de controlar a su propio hijo, y claro, la abuela no ayuda mucho porque le justifica debido a que está en la edad de hacer el idiota. Creo que una cosa es poner pegamento en una silla para que el profesor se quede pegado, y otra cosa es llegar y matar al perro del vecino, como hace Jon, bajo el supuesto de que el perro molestaba a su madre. La solución milagrosa que se le ocurre a la temerosa madre es mandar al chaval con su abuelo Max, un impresionante Tito Valverde. Cuando se presenta al personaje, mis esperanzas comenzaron a renovarse, pues pensé que íbamos a asistir a una historia de inspiración en la que un chaval encontraría por fin una luz con la que guiarse entre la oscuridad. Lo cierto es que al final de la cinta vemos un cambio, un happy ending cursi sin sentido y además injusto y que refleja una tendencia social a justificar al delincuente y culpar a la víctima. Jon por supuesto responde al modelo del niñato adolescente, y como tal, es un ignorante incapaz de aprobar una asignatura, por lo que Max le pone un profesor particular, al joven Toni que es de la edad de su nieto.

Resulta que Toni es el paradigma de la nueva ideología con la que sibilinamente nos intentan adoctrinar: que los heterosexuales son burros, cafres, idiotas y que solo piensan en el fútbol, mientras que los chavales homosexuales son amables, encantadores, cultos y bueno, es el chico que todas las niñas querrían presentar a sus padres. Jon, como buen zoquete, provoca que Toni no quiera volver a darle clases. Max se mosquea y prohíbe a su nieto participar en un torneo de fútbol al que asistirán los amigos de Jon, quienes no son precisamente modelos ejemplares a seguir. Jon, en un acto de valentía, culpa a Toni de no poder darle patadas al baloncito, a lo que sus amigos deciden ir a buscar al culpable de tamaña desgracia y darle una paliza. Es entonces cuando Jon experimenta una epifanía y defiende al chico. Toni entonces se defiende de la paliza, clavando una navaja al agresor. Dicha parte de la historia queda mal concluida y da a entender que Toni se va a comer un importante marrón aun teniendo la defensa propia de base.

Realmente…¿Qué han pretendido contarnos con esta película? Al final lo único que sacas en claro es que Max es un hombre honesto en un mundo que está lleno de mierda. Y que los adolescentes conflictivos son unos pobrecitos incomprendidos y además, son la inmensa mayoría. ¿Hay cafres? Desde luego, pero este tipo de películas no hacen ningún favor, más bien siembran la duda y la falta de confianza en las nuevas generaciones. Esta es una película que podría haber sido mucho más, y al final se ha quedado en nada.

CANÍBAL, UNA HISTORIA DESAPROVECHADA

Caníbal Final

La siguiente crítica está referida al Guión de la película, publicado por la editorial Ocho y Medio, en su nueva colección llamada “Setenta Teclas”. Está firmado por Manuel Martín Cuenca, el director del film, y es una adaptación de la novela “Caríbal” de Humberto Arenal. No he visto la película ni he leído la novela, solo el Guión de la misma, del cual he disfrutado porque se trata de una historia interesante aunque por desgracia está algo desaprovechada y resulta evidente lo que va a ocurrir a continuación.

Siempre he defendido, y defenderé, que no hay nada como ver mucho cine, de todo tipo, y leer diversos tipos de libros, escuchar multitud de música, para coger algo llamado Criterio. Esto tiene su lado positivo y su lado negativo. Positivo es el hecho de que uno adquiere conocimientos culturales diversos y puede opinar o debatir sobre cualquier tema relacionado con la cultura. Desde el lado negativo, es realmente una faena, porque el que tiene criterio enseguida será capaz de ver similitudes con otras historias anteriores, eliminando de forma radical el factor de la originalidad. Hace tiempo leí en un libro sobre cómo escribir guiones, que hoy día ya es casi imposible ser Original, que lo único a lo que puede aspirar el escritor es a tener mínimas diferencias con sus competidores. Si tenemos esto en cuenta… ¿Para qué hacer películas o seguir escribiendo?

Tras leer el guión de Caníbal, la sensación que tengo es de haber estado entretenido y enganchado a sus páginas, que quiero saber cómo se ha trasladado ese texto al lenguaje audiovisual. Y al mismo tiempo surge en mi cabeza una vocecita que me dice: “Este relato se parece mucho a Psicosis”. Aplaco esa voz estableciendo que los parecidos son pocos, pero por desgracia ese combate mental no está decidido, y aun no sé si esto es un intento de emular al mago del suspense o qué es lo que me quieren contar. El protagonista, nuestro Caníbal, se llama Carlos, es un sastre (de los pocos que quedan como él dice), tiene una vida sencilla y es como un ermitaño. Esa meticulosidad y perfeccionismo que emplea cuando corta las telas y se dispone a hacer un traje, la emplea también a la hora de matar mujeres. Carlos es un psicópata, alguien carente de empatía y que por lo tanto tiene dificultades serias para relacionarse con otros seres humanos. Como ya hiciesen otros asesinos míticos del celuloide y del papel, Carlos tiene una máscara con respecto al mundo exterior.

El guión va lanzando mensajes respecto a Carlos, mensajes que no terminan de quedar claros del todo, aunque podemos interpretar que el director quiere implicar al espectador en la trama para que sea este el que vaya sacando sus conclusiones acerca de los acontecimientos. Personalmente fui sacándolas a medida que leía, pero no están claras. Todo lo que rodea las páginas de Caníbal es un misterio, o casi todo. No sabemos si esa viejecita llamada Aurora a la que Carlos suele visitar sabe su “oscuro secreto”, ya que en cierto momento le dice: “Tu nunca podrás estar con una mujer”. ¿Es como Harry Morgan con Dexter? ¿Sabe Aurora que Carlos, al que aprecia como un hijo, esconde algo terrible en lo más profundo de su alma? Claramente vemos que Carlos no es como Dexter, más bien es un Norman Bates que vive en Málaga y tiene una sastrería en vez de un hotel, solo que el negocio no es el escenario de sus crímenes.

Es un Norman Bates porque además es un poco voyeur, y responde a lo dicho por Hannibal Lecter: “Codiciamos lo que vemos cada día”. Carlos ve a Natalia, su vecina, y enseguida siente que quiere estar con ella, que la “ama”, pero a su manera. El amor que él transmite conlleva la muerte. Puede que la propuesta no sea diferente a otras historias que hayamos visto anteriormente, pero aún así puede ser una película interesante de ver, y sí que es diferente a los géneros que últimamente se explotan en el cine patrio. En el marketing del film se dice que es una historia de amor, pero el diagnóstico más acertado podría ser el de un relato sobre la codicia y la perversión de la mente humana, que está desaprovechada y podría haber dado alcanzado mejores niveles.